Recuerdo muy claramente que la premisa principal por virtud de la cual el Presidente Rafael Correa concluyó como prudente consultarnos si queríamos cambios en la Función Judicial, fue la putrefacción que carcome a esa función del Estado, tildando más de una vez a los jueces –en un sentido general—como corruptos.
Ello lo llevó a decir que –para bien, supuestamente—iba a “meter la mano” en la justicia y liberarla de la corrupción, poniendo en los cargos de jueces a personas absolutamente probas y académicamente merecedoras de tan alto grado.
Pero ahora, me cuesta mucho entender de dónde ha sacado el Presidente esa aparentemente falsa idea de una justicia corrompida, ya que las veces que él ha tenido que acudir a ella, ésta lo ha tratado como a un rey, con la mayor agilidad y, según él, de la manera más apegada a derecho posible.
¿Por qué para el Presidente la justicia es corrupta, pero cuando es él quien la ha utilizado como vía para corregir algún supuesto ilícito en su contra, resulta que es digna de los altares?
Por lo pronto, me parece que el Presidente debería cambiar su discurso, y reconocer que la justicia, cuando debe resolver sobre asuntos de interés de cualquier ciudadano, es de lo peor, pero que esa misma justicia, cuando debe resolver asuntos que le interesan a él, resulta que es modelo de niveles internacionales.
¿O será que la sentencia que ahora ha obtenido en el caso de El Universo es también consecuencia de la corrupción de la justicia que él siempre ha criticado, pero que esta vez jugó a su favor, y él es parte de la corrupción?
En este orden de ideas, la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos (AEDEP) –entre muchos otros organismos y sectores—criticó la sentencia dictada dentro del juicio al que me refiero, destacando que en ella se evidencia una manipulación de la justicia. Por ello, el Presidente ha exigido a dicha organización probar sus afirmaciones…
Sin embargo, y en aplicación por analogía del aforismo latino que reza nulla est major probatio, cuam evidentia rei (no hay mayor prueba que la evidencia de la cosa), me atrevo a decir que la sentencia en cuestión, sin lugar a dudas, refleja –por lo menos—una justicia con dedicatoria: al juez Paredes solo le faltó remitir una copia de la sentencia a Carondelet, junto con una caja de bombones…
Y lo dicho me resulta evidente, quizá con mayor facilidad que para otros, porque mi condición de abogado me ha permitido con el tiempo conocer cómo se maneja la justicia en mi país, con ocasión de lo cual puedo pensar que una sentencia de más de 150 páginas, analizada, redactada y revisada en menos de 24 horas –por decir lo menos—apesta… y muy feo. Con mayor razón si consideramos que el juez Paredes, desde su despacho original, como Juez del cantón Milagro, muy rara vez, en su vida, habrá expedido una sentencia de más de 6 páginas.
Sería interesante hacer una comparación entre el tiempo promedio en que el juez Paredes tramita los demás juicios a su cargo y la dimensión de las sentencias dictadas en esos casos, y el tiempo que se tomó para resolver éste y lo extenso de la sentencia… Ahí están las pruebas que el Presidente le ha exigido a AEDEP.
El sol no se tapa con un dedo…